Cuando el lujo no se mide por el oro sino por la belleza y armonía.

El primer palacio que recorrimos en nuestra visita a la ciudad, Changdeokgung, también denominado Palacio del Este, al que ya dedicamos su propio post, me recordó a la Ciudad Prohibida, pero éste, muchíííísimo más.

Por su enorme superficie, más de 500 mil metros cuadrados, y los más de trescientos edificios que llegó a tener, donde residían unas tres mil personas. Tres mil, madre mía, más que en algunos de nuestros pueblos.

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Fue construido en el año 1.395, pero a pesar de su nombre, que unos autores lo traducen como “brillantez y fortuna” y otros como “bendecido por el cielo”, durante doscientos setenta y tres años fue abandonado. La corte real prefirió trasladarse al mencionado Palacio del Este, construido diez años después, tal vez por la belleza y la paz que emergía de sus jardines.

Al igual que Changdeokgung, fue destruido por el fuego durante la ocupación japonesa del siglo XVI, y lo que se salvó fue desmantelado. Los japoneses cambiaron la puerta de lugar y un enorme edificio fue construido frente al sector principal como sede del nuevo gobierno.

Tres siglos después fue reconstruído, aunque nuevamente la ocupación nipona durante el siglo XX se encargó de demoler el 90%, al parecer con la excusa de una feria de promoción de productos coreanos.

Yo visité Japón hace unos años y quedé verdaderamente encantada del país y sus gentes, pero en verdad os digo que algunos de los países asiáticos que he recorrido en los últimos tiempos, no sienten demasiada simpatía por ellos. Lo acaecido en las diversas contiendas en las que intervinieron aún mina el corazón de muchos.

En fin, a lo que íbamos, que los coreanos son persistentes, y en 1990 comenzaron una vez más la reconstrucción del palacio, demoliendo de paso el que fue cuartel general japonés y devolviendo la puerta principal a su sitio.

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Vista exterior de la entrada principal
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La misma puerta, vista desde el interior del recinto. Me impresiona ese choque con el edificio moderno. ¿Imaginarían en aquella época que alguna vez habría algo así pegado a sus murallas?

Como en el caso del Palacio del Este, este esfuerzo se ha visto recompensado con el reconocimiento del conjunto como Patrimonio de la Humanidad y, aunque estructura y elementos decorativos son muy similares a la otra residencia, no puedes dejar de deleitarte una vez más ya que, numerosos detalles lo hacen único, en el país y en el resto del mundo.

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El recinto es rectangular y se hace curiosa la disposición de los edificios principales, alineados escrupulosamente tras el primero y más importante, la Sala del Trono. Los demás habitáculos, de los que sólo quedan una mínima cantidad, se disponen en derredor.

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Imagen de lilianviajea.com

Como en todos los edificios históricos visitados, para evitar su deterioro por el trasiego turístico, no se permite la entrada en las distintas dependencias, pero desde fuera, dadas las características constructivas, podemos contemplar en detalle todos los interiores. Os muestro algunas imágenes:

Esta es la Sala del Trono, donde sencillez y espectacularidad van de la mano.

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El trono. ¿Quién necesita oro?
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Detalles del artesonado

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La segunda sala en importancia, la del Consejo Principal, donde los monarcas hacían las reuniones diarias con sus oficiales de alto rango.

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Este otro pabellón, embellecido aún más por su reflejo en el lago es donde se realizaban los banquetes reales, las recepciones a enviados extranjeros o los rituales religiosos anuales.

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La siguiente imagen es del pabellón que le regaló uno de los reyes a su madre adoptiva por ayudarle a conseguir su entronización, y lo que me interesa mostraros es esa forma tan original de sostener las puertas para mantener las estancias comunicadas.

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También, por supuesto, os muestro las chimeneas, lo más relevante tanto de ese pabellón como del de la reina consorte. Destacados por su sistema de canalización por debajo de las edificaciones. Y destacados también por la preciosa decoración de las salidas de humos, en el primer caso con los diez símbolos de la longevidad y otros elementos protectores y en el segundo por simbólicas plantas y animales (aves fénix, pinos, viñas…).

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No puedo omitir un último pabellón, el denominado Hyangwonjeong –lo siento, hay que tragarlo así, ni idea de la traducción.

Presidiendo, lo que a primera vista parece un jardín, pero que en realidad se trata de un gran estanque repleeeeto de lotos. Su belleza y delicadeza son indiscutibles, aunque no conseguí que la imagen le hiciera justicia.

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Su historia le confiere un aire aún más especial. Y es que, en 1895, la reina Myeongseong fue asesinada allí por… ¿adivináis? Exacto, los japoneses. Tal vez en un intento de olvidar este suceso, en 1909 fue demolido y la autoridad colonial lo reemplazó por una galería de arte, pero en el 2007 se restauró con su aspecto primitivo.

Terminamos aquí el recorrido y nos despedimos de nuestras dos simpáticas y pacientes guías voluntarias que se parten de risa cuando las creemos colegialas, y no, como eran ya, universitarias.

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¿Alguien les echa 19 años?

No nos queda  tiempo para visitar el museo etnográfico situado en el recinto pero sí para una foto con los signos zodiacales porque, aunque soy de las que prefieren desconocer el futuro, y el pasado y presente no necesitan ser adivinados, no había visto nunca representaciones parecidas a éstas.  Los animales que yo creía exclusivos del zodiaco chino, deben ser comunes a otros países asiáticos.

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A la derecha está el mío, la rata. ¡Que ya me podía haber tocado otro bichillo. Casi prefiero el carnero que me toca en nuestro horóscopo!

Nos dirigimos nuevamente hacia la entrada para ver por fin el cambio de la guardia real, una de las exhibiciones más esperadas en muchos países. Pero esa… es otra historia. Os la muestro en un próximo artículo.

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