El arte de hacerte sentir como en casa

Hoy fue un día intenso, aterrizamos temprano en Siem Riep, y nos dimos una buena paliza visitando el fantástico templo de Angkor Wat. Así que decidimos marchar al hotel a recuperar fuerzas para mañana. Como rezan unas antiguas sevillanas, “cansaos pero contentos”.

Con un párrafo parecido a éste terminábamos de relatar, en un post anterior, nuestra primera jornada en Camboya. Pero ¿es que nos pudimos acostar pronto? Pues no. Iba a ser que no.

Los que me seguís sabéis que no publicito, al menos de momento, ningún tipo de producto ni establecimiento, y sólo en contadas ocasiones doy el nombre de algún alojamiento o restaurante. Es más, hasta ahora sólo recuerdo haberlo hecho en una ocasión, al hilo de una deliciosa fondue en un apacible restaurante de Laos.

Sin embargo, por algún motivo que me haya impactado sobremanera, sí que a veces he prometido reseñar ciertos lugares. Ese es el caso hoy con un hotel, Dream Mango Villas.  No me resisto a comentarlo. No tanto por el establecimiento en sí sino por la persona que lo dirige, famoso ya en las opiniones del Trip Advisor.

El hotel es pequeño pero agradable. Unas pocas habitaciones se alinean en forma de U alrededor de una pequeña piscina abrigada por variada vegetación. Un pequeño cobertizo a su lado como restaurante, otro para masajes y un último como bar completan el lugar. Eso es todo.

Dream Mango villas.Siem Riep,Camboya,piscina

Pero nos quedamos boquiabiertos ante nuestro anfitrión, no tenemos claro si era el dueño o el encargado. En vez de un asiático pequeñito y oscuro de piel, vistiendo tradicional, nos aparece un suizo de mediana edad, grandullón, sin pizca de bronceado y, lo que nos abre los ojos como platos, en bañador, sin camiseta ni calzado quien, aunque no nos corresponde,  nos invita a un suculento desayuno.

Dream Mango Villa.Siem Riep.Camboya.Entrada
Recepción
Dream Mango Villa.Siem Riep.Camboya2
Comedor

Dice que habla español, pero se dirige a nosotros todo el tiempo en inglés, por lo que pensamos que, como muchos, con hola, adiós y poco más, va listo. Afortunadamente no hicimos ningún comentario comprometedor porque no sólo hablaba perfectísimamente inglés sino también español y francés, además de alemán y ruso, y aunque de estos dos últimos no pudimos comprobar el nivel, no dudamos ya de que los dominara igualmente.

Servicial y eficaz ante cualquier solicitud o consulta. Nos permite un temprano check in y un muy tardío check out. Pero no son sólo todas estas amabilidades las que hacen popular a Harry. Y es que, como mi marido le expresó al conocerle, su fama le precede. Fama de buen anfitrión, totalmente atípico tratándose no de su residencia sino de un establecimiento hotelero.

El caso es que tú no podías llegar allí y meterte en tu habitación sin más. Te cogía del brazo, aún descalzo y en bañador aunque fuera de noche, y te llevaba hasta el minúsculo bar donde, ante la barra,  ya se hallaban “secuestrados” otros clientes.

 

Dream Mango Villa.Siem Riep.Camboya3
A la izqda. la sala de masaje, y al fondo el minúsculo bar

Te presentaba y la conversación fluía y fluía al ritmo de las cañas de cerveza que no dejaba de servir aunque el vaso aún estuviera lleno. Daba igual si el tema era política, viajes, trabajo, planes, familia…. Daba igual si eras joven o jubilado, hombre o mujer. Daba igual si eras europeo, americano o asiático. ¡Qué interesante! Era su expresión favorita.

Cada vez que alguien intentaba marcharse, nuevamente por estar “cansao pero contento”, aunque esta vez más por las cervezas que por otra cosa, servía la última, siempre gratis. Y así, última tras última, de allí nadie se movía hasta que él, siempre educado, llegaba a su límite y se retiraba, proporcionándonos la libertad de elegir entre escapar o seguir atados a la barra.

En fin, que conseguía reunir a gente variopinta, desconocidos entre sí, y hacernos sentir amigos de toda la vida. Que conseguía hacernos olvidar la habitual sensación de  frialdad de un hotel y sentirnos como en casa.

Realmente tan sólo nos faltaba la biblioteca con chimenea, los cigarrillos y las copas de brandy para creer que estábamos en una de esas sobremesas de la alta sociedad de película clásica.

Ciertamente es de esos sitios que, aún sin ningún tipo de lujo, da pena abandonar. Y nos marchamos pensando, qué demonios hace un abogado de éxito suizo,  con un indudable don de gentes, solo, en un lugar pequeño y recóndito como éste.  Según él, desintoxicarse del stress. Seguramente, es muy posible.

Pero, a pesar de su “descamisamiento”, habiendo vivido en varios continentes, con ese saber estar y ese saber llevar a los demás, hablando cinco idiomas, entre ellos ruso… nos resulta cuanto menos, utilizando su propia expresión, interesante. Y también misterioso. Aunque aparentara ser un libro abierto … ¿No resultaría ser algún espía?

Sí, tal vez haya visto demasiadas películas, pero oye, nunca se sabe, nunca… Al menos tendría buena madera.

 

Nota: Imágenes provenientes de la propia web del hotel

 

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