Lara Croft, heroína de la película Tomb Raider se movió por estos parajes. No es de extrañar. A la vista de estos templos, la imaginación vuela a vertiginosa velocidad. Os invito a conocerlos, no necesitamos attrezzo alguno.

He de confesar que al comenzar nuestro tercer día de visitas a los templos de Angkor dudábamos de que mereciera la pena. Después de descubrir los impresionantes Angkor Wat y Bayon, los realmente famosos, nada ya podría impresionarnos. Los demás templos seguro que sabrían a poco.

He de confesar también que ha sido la primera vez en la vida que estábamos reventados desde el primer día, con más ganas de descansar en una de las tantísimas tumbonas que los lugareños disfrutaban a cualquier hora que de seguir sorteando piedras y subiendo escaleras.

ANGKOR HAMACAS2

Pero, por si no tuviésemos una oportunidad de regresar, había que continuar. Y sí, en cierta forma, se trataba de más de lo mismo, de piedras. Pero cada templo, aún sin la fama de los anteriores, poseía una peculiaridad que lo hacía único, bello, atrayente, enigmático… y te impulsaba al siguiente. Y si no, juzgad vosotros mismos.

Ignoro cuántos santuarios habrá en total, treinta y dos tiene dibujados mi mapa y dice que son sólo algunos, así que quedamos sedientos, la jornada se nos quedó corta. No tuvimos tiempo de recorrer todos y mucho menos de pararnos en cada uno todo el tiempo que hubiésemos deseado.

No es que los viésemos deprisa y corriendo, ni mucho menos, pero sabéis que me gusta meterme en el pasado a través de la imaginación y estos parajes eran únicos, realmente únicos, para sentarse en una piedra, leer antiguos escritos de la zona y visionar a los protagonistas nítidamente por entre los muros y la vegetación.

Os voy a presentar algunos de esos otros templos que hacen mágica la zona de Angkor aunque, desafortunadamente las imágenes quedan muy pobres frente a la realidad.

Emprendemos ya el camino y nuestra primera parada no puede ser otra más que el templo Ta Prohm, famoso por ser el escenario de la película Tomb Raider. La de Angelina, no la versión que acaba de salir, que esa no sé. Para decepción de todos los turistas masculinos, de la Jolie no quedaba allí ni rastro.

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Angkor Ta Prohn Tomb Raider (12)
Fijaros cómo raíces aéreas y sillares caídos dan un tremendo toque misterioso
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Increíble el techo de la galería

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Angkor Ta Prohn Tomb Raider (14)
Impactante espectáculo
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¡Qué esquina!

 

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Aquí echando una manita para colocar las cosas en su sitio

Sabéis que el cine, con los efectos especiales, son capaces de conseguir un todo de la nada. No es el caso en este templo. El misterio que emana supera cualquier imaginación.  Fue construido en el s. XII para la madre del rey y el espectáculo de las gigantescas raíces de los árboles ocupando puertas, tejados, paredes… es alucinante.

Angkor Ta Prohn Tomb Raider (2)
Es una pena que no pueda mostrar la altura total de las raíces de cada imagen.

 

Angkor Ta Prohn Tomb Raider (10)
Ya que las señoras no se quitaban ni a tiros,  sirven para hacernos una idea de la anchura y altura de las raíces

 

Angkor Ta Prohn Tomb Raider (18)
No sé qué elegir, si la fachada o las raíces.

Angkor Ta Prohn Tomb Raider (8)

Se dice que hicieron falta unas setenta y nueve mil personas para mantener el templo. ¿Será esto posible o lo entendí mal? Lo que sí parecen figurar en inscripciones son los datos sobre el servicio, entre otros, más de dos mil setecientos funcionarios, más de dos mil doscientos asistentes y unas seiscientas bailarinas, que tampoco es moco de pavo.

A continuación nos dirigimos al templo de Pre Rup, del año 961. Se cree que tenía un propósito funerario y las torres aquí son de ladrillo, no de piedra. La escalinata tenía telita, por lo empinada y por lo deteriorada. Una vez arriba pudimos comprobar que por la parte de atrás habían superpuesto otra escalera de madera, mucho más cómoda. ¡Qué pardillos!

Angkor Pre Rup (2)

A unos 500 metros de él llegamos al templo de Mebon Oriental, los leones y elefantes de piedra y las ricas tallas de las puertas, unas verdaderas y otras falsas, lo caracterizan.

Angkor Mebon oriental 5
Aún con la entrada casi destruida, resulta regio

 

Angkor Mebon oriental 2
Puerta falsa, de piedra, minuciosamente cincelada
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Detalle del dintel

Continuamos hacia Ta Son. Después de estar a pleno sol en los anteriores templos, llegar aquí es un gran alivio, tan lleno de vegetación refresca el cuerpo y transmite una gran sensación de sosiego. La sencillez de las edificaciones, las estupendas tallas… todo ayuda a magnificar dicha sensación.

Angkor Ta Son (10)

Angkor Ta Son (4)

Angkor Ta Son (2)

Angkor Ta Son (7)

Angkor Ta Son (8)

Pero hay una cosa más que llama nuestra atención, y la del resto de visitantes sin excepción, y que casi  pasamos por alto. Era una de las entradas al templo, la opuesta a la utilizada al llegar. Por una parte presentaba este aspecto,

Angkor Ta Son (1)
Similar pero más pequeña a la que ya vimos en la entrada de Angkor Thom, con una cara mirando hacia cada punto cardinal

Y por la otra, este otro tan increíblemente maravilloso. Prueba de ello era la cola que se hizo para conseguir la fotografía.

Angkor Ta Son (3)

Sólo por estas imágenes ya mereció la pena el día. Aunque nuestra siguiente parada no desmerecía. El templo de Neak Pean. Aquí encontramos algo totalmente distinto. Para mí lo más bello fue su acceso: un lago infinito atravesado por un puente de madera tan largo que se perdía su fondo, tan cercano al agua que parecías caminar sobre ella.

Angkor Neak Pean 2 (2)

Al final del mismo, un estanque de setenta metros cuadrados, con otros cuatro más pequeños en cada punto cardinal y diversas esculturas en cada una. En su día, parece ser que estas aguas servían tanto para la salud como para purificar el espíritu.

Angkor Neak Pean 2

Llegamos ya al último de nuestro recorrido, Preah Khan. No podemos tener mejor colofón para el día y para nuestra estancia en Camboya. Creo que es, simple y llanamente, espectacular.

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El nombre significa “espada sagrada”, tal vez porque se erigió en el lugar donde el rey de la época venció a sus enemigos. Reúne nada menos que cincuenta y cuatro hectáreas y está protegida no por una muralla ni dos, sino por cuatro, más el habitual foso.

Posee numerosos santuarios, uno me choca por parecer más griego que budista o hinduista, religiones por las que fueron pasando paulatinamente los templos de la zona, dependiendo de las creencias de cada reinante.

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Los otros, directamente, me dejan sin habla. Primero por mi hallazgo nada más entrar en la primera galería: una serpiente había renovado la piel dejando constancia de su presencia por el lugar. Podía presagiar emociones fuertes aunque, afortunadamente, no llegaron. Como imágenes curiosas, y ya que hablamos de fauna, os dejo la de esta lagartija “aplastada” que también paseaba por allá y la del complicado entramado de una araña que, literalmente, no perdía puntada.

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Sí hubo otro tipo de emociones, como la contemplación de unas magníficas tallas increíblemente bien conservadas.

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Las famosas danzarinas. Yo intenté la pose, pero qué va.

Y emociones, sobre todo, por unas fachadas y muros, más que espectaculares, no por ellos mismos sino por el extraordinario aspecto que la naturaleza les confirió con el paso de los siglos.

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Raíces y troncos de árboles ganando terreno a la piedra como en una colosal rivalidad por adueñarse del lugar. No digáis que esos truculentos brazos no propician la puesta en marcha de cualquier mente por poco imaginativa que sea.

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Al igual que Laos, de una de cuyas ciudades ya hablamos largo y tendido. Y al igual que Vietnam, de la que espero contaros más en un futuro cercano, el nombre de Camboya me trasladaba a los telediarios de mi infancia.

Pensaba que para siempre asociaría estos países con las guerras que libraban por entonces. A día de hoy, sin embargo, me desdigo. Es cierto que no hemos tenido tiempo de conocer la realidad actual del país, pero al menos hemos disfrutado de su generosa sonrisa y, una cosa está clara,  cuando un pueblo es infeliz, sonríe poco.

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Fotos de boda,  quién no sonríe ¿verdad? Bueno, la de Mónaco no sonreía mucho

Camboya ahora significa para mí algo bien distinto. Significa magnificencia remota, significa arte, significa selva, significa templos misteriosos, piedra negra, raíces imposibles…  Camboya, Angkor… uno de esos lugares que me quedarán grabados para siempre.

 

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