Sobrevolar Angkor era una de las vivencias más excitantes que podía imaginar. Volar en ultraligero, la que jamás hubiera imaginado. He aquí que se unieron las dos. Esta es mi experiencia.

Si, pie en tierra, la magnitud de los templos angkorianos impresionan,  ¿podéis imaginar a vista de pájaro?

Sabíamos que este viaje sería especial y así está ocurriendo. Comenzamos un nuevo día en Camboya con un gusanillo interior, al menos yo, porque mi marido es otra historia, él está hecho de otra pasta.

Por internet habíamos visto tours que sobrevolaban los templos. Caray, eso debía ser alucinante. Ya lo hicimos en avioneta hace años en el Cañón del Colorado y realmente mereció la pena.

Pero había un problema, además del elevado precio, y es que ahora se trataba de helicóptero y por experiencia sabemos que a quienes les toque detrás y en el centro no ven ni torta.

Así que buscando otras posibilidades, dimos con el mismo servicio en ultraligero. Desde luego ahí, sí o sí, íbamos a tener una amplia visión, y el precio, sin ser de saldo, era mucho más moderado.

Sin embargo, NI LO SUEÑES, esa fue mi respuesta al oír la entusiasta proposición. Mis arrestos aventureros, aunque me han asombrado desde que comencé mis andaduras asiáticas, hasta aquí podían llegar.

Si hay algo que tengo a tope, es vértigo. Pero me explica Víctor que no, que el vértigo sólo viene cuando tus pies pisan algún tipo de suelo, y que en el ultraligero vas prácticamente al aire.  Bien, corazón, lo estás mejorando, pensé. Aún así, confío en sus palabras, de eso sabe un poco.

Así que, nunca digas de esta agua no beberé. Eran tantas mis ganas por ver el espectáculo desde el aire que, haciendo un enorme esfuerzo mental, hete aquí que, en el último minuto, me lancé. Sí señor, lo hice, a veces pienso si no seré un clon de mí misma, porque mi yo verdadero no hubiera condescendido nunca jamás.

¿Estáis seguros de que esto vuela? Mira que visto desde cerca a esto se lo lleva cualquier soplo de aire, que no tiene ni paredes ni suelo. -Sí que vuela, mujer. Ahora, si hay viento fuerte pues mejor no pensar, pero tranquila, que por radio nos van diciendo la meteo. -Ah, pues vale, ya me quedo tranquila, fíjate -contesto irónicamente.

Angkor Camboya vuelo ultraligero

Recuerdo decirle al “señor chófer”, perdona, no es que quiera flirtear contigo, pero ¿podría agarrarme bien fuerte a tu cintura?

Recuerdo el corazón bombeando a tope mientras aceleraba por la pista de tierra, recuerdo la falta de aire cuando aquellos cuantos retales comenzaron a elevarse, y yo con ellos.

Poco a poco comencé a relajar, más por enfado que por otra cosa, porque sólo pasamos por un par de pequeños templos. Y el señor, todo contento explicándome que todo lo de abajo  eran arrozales, uno tras otro.

-¿Sabe que vivo a caballo entre Valencia, tierra de arroz, e Indonesia, tierra de arroz? De verdad cree que estoy aquí arriba, encomendándome a todos los santos habidos y por haber, para ver más arroz?

-Es que este es el recorrido corto, para ver los grandes templos es el largo, más caro y en la otra dirección. – ¿No me lo podía haber comentado antes? Yo hice reserva porque publicitaba sobrevolar los grandes templos que, obviamente, no es esto. –Bueno, si quieres vamos hacia allá ahora. –¿Ahora? Mi marido está abajo esperando. Si tardamos una hora más de lo previsto pensará que nos hemos estampado.

Se excusó en que él no hacía la web ni tampoco las reservas, sólo volaba. Ahora me explico la cara de los clientes anteriores a nosotros, sin pizca de emoción, claro que como eran asiáticos y las muestras demasiado efusivas de contento o descontento en público no están bien vistas, no dijeron ni mu. Otro gallo hubiera cantado de haber sido compatriotas.

Vuelta a encogerse el corazón en los momentos previos al aterrizaje. Seguro que el impacto de las ruedas en el suelo nos hace botar varias veces. Yo preparada con el estómago encogido y frenando con mis propias manos y pies con mandos imaginarios… Pero no, lo más llamativo fue la sensación de velocidad una vez en tierra, sensación que durante el vuelo había sido inexistente.

Angkor Camboya vuelo ultraligero 2

Mi marido, orgulloso de mi proeza de subir por los aires en tan minúsculo artefacto, esperaba con sonrisa de oreja a oreja y cámara en ristre para inmortalizar mi cara de satisfacción por haber superado un auténtico reto. Y para disponer de prueba fehaciente ya que de otra manera, ni mis propias hijas se creerían mi gesta. Sin embargo, se siente confuso cuando en vez de la cara de satisfacción ve la de cab…mosqueo.

Al menos habrás hecho fotos -me dice. –¿De verdad crees que, a pesar de todo, iba a soltarle la cintura al señor? ¡Ni por todo el berrinche, ni por toda la fidelidad del mundo le soltaba!

Que… bueno… que mi gozo en un pozo. Tanto estrés para nada. Como defensa al piloto diré que amable al menos fue y que a los mandos lo hizo bien. Ahora, que no fue capaz de ofrecerme el viaje largo con un descuento.

Al menos mi marido ya iba en aviso y sí pudo realizar el vuelo sobre los grandes templos que, como no podía fallar, fue una pasada. Os dejo alguna foto porque el vídeo salió algo ruidoso y movidillo.

 

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En fin, me queda el consuelo al menos de haber sacado valor para vivir una nueva y única experiencia. Única en el sentido literal, porque no sé si me volverán a coger en otra igual.

Aunque, desde luego, a pesar de todo, he de recomendar la experiencia. Fue lo más parecido a ese sueño que casi todo el mundo ha tenido alguna vez de desplazarse volando por sí mismo, sin ningún artefacto.

Y entiendes un poquito cómo debieron sentirse aquellos pioneros de la aviación y todos aquellos aprendices de Icaro cuyas ilusiones, a veces respetabilidad e incluso la vida, quedaron truncadas en segundos en busca de un sueño.  ¡Si levantaran la cabeza!

Con esa sensación de libertad e ingravidez me despido hoy. Mañana comenzará a fraguarse un nuevo sueño.

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