Decálogo para quedar bien en el día a día. Si metes la pata, no digas que no te avisé.

Muchas cosas impactan cuando pisas Indonesia por primera vez, que si el calor, que si el tráfico, que si los baches, que si la vegetación, etc., etc.

A mí fue el bambú. Hay bambú por todas partes. Todo lo imaginable se hace aquí con bambú. Puede servir como pasarela para atravesar una pequeña zanja o como puente sobre un gran río, puede servir como andamiaje o para realizar jaulas o intrincadas techumbres, puede utilizarse como vaso, cazo, tubería y mucho, mucho más.

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Bambú para realizar desde lo más simple, como este vaso
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A lo más complejo o llamativo, como este impresionante techado

Pero a medida que van pasando los días, vas dándote cuenta de muchos otros detalles, más que importantes, las normas de comportamiento, de cortesía, de urbanidad… como las queramos llamar.

Realmente es algo que deberíamos averiguar a toda costa antes de ir a cualquier país, lo que consideran correcto o incorrecto en su vida cotidiana. Nos evitaríamos algunas sorpresas y a veces hasta disgustos.

De todas maneras, no hay que inquietarse, el pueblo indonesio es tremendamente comprensivo y entiende que si hacemos algo de distinta forma, es normal, es cosa de “buleh” (guiri). Por regla general, sonreirán condescendientes, excepción hecha de incumplir normas sagradas.

A mí no me vale cuando escucho “ah, yo no soy de este o aquel país, no tengo por qué seguir sus costumbres”. En la mayoría de las ocasiones, no cuesta tanto acatarlas, y al hacerlo, al tiempo que quedas como un-a señor-a, te ganas la simpatía de los oriundos.

Además, pienso que es fundamental respetar para ser respetados, que siempre hablamos de nuestros derechos pero nos olvidamos de la línea en que han de terminar para que comiencen los de los demás.

Y, sin más preámbulos, lo PRIMERÍSIMO que te asombra de este país es la afabilidad de la gente. Se te acercarán decenas, creedme, decenas de personas y te preguntarán a quemarropa, todos y cada uno, repito, todos y  cada uno: de dónde eres, cómo te llamas, cuánto tiempo llevas en el país, a qué te dedicas, dónde vives, si estás casado, cuántos hijos tienes, de qué sexo y edad, si están contigo…y un largo etc.

No es que sean cotillas, no, bueno,  puede que algo, pero quién no, eh, venga que tire la primera piedra. Simplemente es su forma de ser corteses y de comenzar cualquier conversación con un desconocido, tengan asuntos que tratar contigo o sean simplemente unos viandantes con los que te cruzas y te quieran saludar.

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Un “grupito” de desconocidos que nos saludó durante un paseo y que, como medio país, sabe casi tanto de nuestra vida como nosotros mismos.

A estas alturas ya contesto de corrido, sin esperar las preguntas. Pero no recuerdo nunca que lo correcto es realizar yo el mismo interrogatorio, y alguna vez, ante mi falta de curiosidad, me han mirado perplejos optando por darme todos sus datos personales y familiares aún sin yo solicitarlos.

Lo SEGUNDO que hay que saber es que en Indonesia, al igual que en otros países asiáticos, tocar la cabeza de los demás no es buena idea, al igual que no gustan mucho las demostraciones en público de las emociones, ya sean afectivas o de enfado.

He visto numerosos abrazos y besos, pero entre familiares o amigos del mismo sexo. Si se trata de chico y chica ya la cosa cambia, o se estrechan la mano o se saludan con un asentimiento de cabeza, que es lo más habitual. En cuanto a parejas,  verás algunas cogidas de la mano, aunque las menos. Y cogidas por la cintura, ni una, por lo que preguntar sobre piquitos y besos a tornillo imaginaréis que no es necesario y más allá, como que tampoco.

Fijaros a donde llegan algunas chicas, su piel no puede ser tocada por ningún hombre si no es que vaya a ser su marido. Así que, aunque no es demasiado frecuente, si alguna vez vais a dar la mano en señal de saludo y os quedáis con el brazo en el aire en espera, no es que pasen de vosotros.

Aunque pensaba que esto era exclusivo de las mujeres, no hace mucho me ocurrió al saludar a un joven. No sé si el motivo será el mismo. No pude evitar mirarle con asombro, ante lo cual pidió excusas a mi marido. Así que doble asombro. Ya averiguaré. Esto sólo me había ocurrido antes con un monje budista, pero ellos ya sé que lo tienen prohibido para evitar tentaciones.

Otro detalle que se me hacía algo incómodo es que raramente te dan un apretón de manos “bien dao”. Con un breve y suave contacto es suficiente, de esos que a nosotros nos parecen de mantequilla. Y si son muy corteses o quieren mostrar su respeto, aprecio o agradecimiento, a continuación llevarán su mano al corazón y luego a la frente.

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Desde bien pequeños enseñan respeto a sus mayores

Otras veces, para dar las gracias o despedirse, simplemente juntan las palmas de las manos, como si fuesen a orar, al tiempo que con una sonrisa hacen una ligera inclinación de cabeza. Me gustan, me emocionan mucho estas dos maneras de salutación.

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thaimusicinspanish.wordpress.com

 

Imágenes de difundir.org y thaimusicinspanish.wordpress.com respectivamente

Ah, y NO OLVIDES NUNCA dirigirte a cualquier persona mayor que tú respetuosamente, con las palabras sr. ó sra. (pak-ibu), sean de la condición social que sean.

Ni tampoco, si vas a pasar uno o varios días en una aldea, pedir permiso al jefe del poblado tanto para quedarte como para marchar.

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El cartel reza: Casa del jefe del poblado. Bien visible, no hay excusas.

En cuanto a las emociones de enojo en público, ya pueden estar echando chispas por dentro que hablarán con aparente tranquilidad, sin levantar la voz ni los brazos, sin gesticular… Mucho menos se enzarzarán en una pelea.

Si tú lo haces, se sentirán de lo más ridiculizados y ofendidos, crearás una situación de lo más desagradable. Así que aunque por dentro se te coman los demonios porque te quieran cobrar más de la cuenta en algo, relájate, llegarás a un acuerdo sin vociferar.

Y, por favor, si en medio de esa discusión, tu interlocutor sonríe mucho, no te enciendas pensando que va de chulo, suele ser su manera de reaccionar ante el estado de ansiedad que le provoca la disputa. No sé, posiblemente sea la misma reacción que si a nosotros alguien nos estuviera hinchando las narices y ponemos una mueca jocosa mientras inhalamos aire y contamos hasta cien.

TERCERO: Una de las situaciones que más nos exasperan a los de fuera es que, con tal de no ser descorteses, nunca jamás te dirán NO a algo. De esta manera si, por ejemplo, solicitas un plato que no tienen, puedes estar  esperando y esperando pacientemente y, cuando los demás están acabando su comida y decides reclamar, te dicen sencillamente que se les había acabado. Ajjjj.

Otras veces, ante mi indonesio macarrónico, siempre pregunto, ¿me entiende? Siempre responden, sí. ¿Seguro? Sí. Pero sus caras y hechos delatan todo lo contrario. Es cuestión de paciencia, con el tiempo vas pillando los trucos para evitar estos pequeños reveses.

CUARTO: Otra regla de oro es descalzarse. No importa si es un templo, un pequeño comercio o una vivienda, a veces incluso, un museo. Los zapatos se quedan en la puerta. ¡La destreza que tienen para ponérselos y quitárselos, sin tan siquiera pararse!

Yo, primero, que tardo media hora en encontrarlos en el montón, después que no llego bien hasta los pies y me pongo a buscar una silla,  piedra, tronco, pared o lo que sea para apoyarme. Después que te hinchas del calor y cuesta meterlos… Para cuando me levanto triunfante, tengo a media docena de intrigados observadores alrededor.

En mi defensa he de decir que me llevan ventaja. Ellos llevan chanclas o sandalias abiertas y no con tiras traseras y velcro como yo. ¡Así ya se puede!

QUINTO: Si has de pasar por delante de alguien, sé educado, agacha ligeramente el cuerpo y con un brazo algo más estirado que el otro, ve marcando el camino que vas a seguir. Por lo observado, esto se puede omitir cuando se trata de colarse en la fila del super o del servicio.

SEXTO: En la tienda o en cualquier otro lugar, evita señalar con el dedo índice, hazlo con la mano. Y si has de pasarle alguna cosa a otra persona, hazlo con la mano derecha, con la palma hacia arriba, mientras la sujetas por la base con la izquierda.

SEPTIMO: Algunos consejillos si te invitan a comer en alguna casa, que es bastante habitual, no hace falta tener amistades. Por ejemplo, si has contratado a un chófer y pasa cerca de la morada de un familiar de cualquier grado, parará a que tomes algo en su casa, sin avisarles siquiera.

Por contra, si eres tú quien para en casa de alguien, el chófer también será invitado a comer. La comida es algo casi sagrado en Indonesia. Todo el mundo ofrece, a cualquier hora.

Dependerá del poder adquisitivo y de lo tradicional que sea la familia, pero que no te extrañe la falta de mesa, o que ésta se utilice para poner los manjares simplemente mientras se come en un sofá o sillas apartadas o, más comúnmente, en el suelo.

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Esto es en una boda de cierto nivel. Fijaros en la altura de la mesa y la ausencia de sillas.
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La misma mesa minutos después. Si esto es en una celebración de nivel, imaginaos qué no será el día a día de una familia normal
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En contraposición a mis compañeras de mesa de la imagen anterior, en actitud tan relajada, yo retorcida y con la sonrisa congelada por el dolor de huesos de la posición, pero la educación es la educación

Tampoco te extrañe si comen los hombres en un lado y las mujeres en otro, incluso que os dejen solos a los invitados, sobre todo si sólo sois hombres y en la casa únicamente hay mujeres.

El invitado es el primero que  empieza a comer, no sin antes esperar el comando del anfitrión-a, “silakan”, “por favor, comience”. Es incorrecto no probar todo lo que te ofrezcan, si bien con un simple sorbo o bocadito ya es suficiente, puedes dejar el resto sin problemas. Es más, comérselo todo, hasta es incorrecto, porque das a entender que tienes hambre, que no te han servido suficiente.

Por el mismo motivo, no es habitual llevar el detalle de los bombones o la bebida como hacemos nosotros. Aunque si preparas algún pequeño manjar con tus propias manos, tampoco es mal recibido.

Otra cosa es si has ido de viaje, entonces sí que esperan que les traigas un pequeño obsequio, es más, a veces, antes de irte, hasta te piden directamente que lo compres.

Aunque tampoco hace falta excusa alguna de viaje, los regalillos son muy habituales sin motivo alguno, sobre todo si son alimentos, generalmente cestas de frutas o dulces.

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Así de bonitas preparan las cestas. No os dejéis engañar por la simpleza: manzanas, naranjas y uvas no tienen nada de baratas en Indonesia, son consideradas frutas exóticas.

Alguna vez puede que tras la comida te inviten también a la siesta, a darte un baño o a pasar la noche. Esto ya es pura cortesía y no se debe aceptar si no es que insistan mucho, y que tú desees hacerlo, claro.

Cuando acabas la comida, nada de sobremesas. Dices que has de marcharte, pides permiso al anfitrión y se acabó.

OCTAVO: Puede que estés cansado de todo el día, pero si al llegar a casa tu vecino está de mudanza o haciendo alguna chapucilla, échale un cable, es lo que harían ellos por ti. Una invitación a un plato de arroz y lo que pilles por la cocina es suficiente para quedar en paz.

NOVENO: ¿Que no puedes ayudar porque tienes una cita en un rato? Tranquilo, llegar tarde una o dos horas entra dentro de la habitual cortesía de espera.

DÉCIMO: ¿Proporcionaros la excusa perfecta para libraros de la faena?… Pues va a ser que no. Aquí, consejos, los justos y necesarios.

 

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