Ternate, la isla más importante de la ruta de las especias. Un pasado de riqueza y luchas por hacerse con su control, en las que España tuvo un importante papel. 

Aunque en la actualidad no suena gran cosa el nombre de Ternate, el archipiélago de Las Molucas, al que pertenece, sí. Las Molucas nos sugieren playas vírgenes paradisiacas que, por supuesto, existen. Pero a Ternate aún no ha llegado la explotación turística, por lo que sólo será una opción si lo que se busca es desconexión total del mundo.

Aunque no siempre fue así de tranquila. No estaría mal recordar su pasado y la estrecha relación histórica con nuestro país. A eso precisamente fuimos allí.

Para valorar la verdadera importancia de Ternate y, de la vecina y casi gemela Tidore, que visitaremos en un próximo post, hemos de remontarnos muy atrás en el tiempo.

Corría el año 1521-2 cuando los portugueses, adelantándose a otras potencias, consiguieron el control de la zona denominada las islas de las especias ya que, en la época, eran prácticamente los únicos productores de clavo y nuez moscada.

Ya hemos hablado en diversas ocasiones del potencial económico que esto suponía, ya que el precio de estas mercancías era desorbitado en el resto del mundo.

tidore especias clavo y nuez moscada
Nuestro souvenir: nuez moscada y clavo recién cogiditos

Yo creo que sobreviviría perfectamente sin estos dos productos pero entonces eran de gran valor no sólo como condimento alimentario sino como  conservante, ingrediente para la elaboración de fármacos y, vaya usted a saber si es verdad, también como afrodisíaco.

Pues bien, a lo que íbamos. Los portugueses, como defensa, comenzaron a construir la primera de las fortalezas, denominada Kastella (castillo), la cual pasó a manos españolas en 1606, cuando nuestro poderío era otra cosa.

A la ciudad que protegía, ocupada por unas dos mil personas, le dimos en llamar Nuestra Señora del Rosario Terrenate, de ahí el nombre actual de la isla.

Después de casi cincuenta y siete años, nosotros mismos arrasamos la fortaleza cuanto pudimos para que los holandeses, que se hacían con el poder, no la pudieran aprovechar demasiado.

Con tanto tejemaneje de portugueses, españoles y holandeses, actualmente no queda mucho en pie, salvo ese sabor melancólico que aportan las piedras y el paisaje.

fortaleza Kalamata ternate Indonesia
Fuerte Kalamata, 1649. portugués, actualmente sólo un pequeño esbozo de lo que fue.

 Ya imaginaréis que los pobladores actuales son el resultado de una gran  mezcla de pueblos, así que lo primero que me llama la atención son los ojos azules de muchos de sus habitantes. Eso, unido a la falta de esa sonrisa eterna a la que me tienen acostumbrada en otras islas indonesias.

Pero siento cierta zozobra. Estar de sobra allá. Esa era la sensación  que me producían sus miradas. Tal vez desconfíen de los extranjeros después de tantos siglos de intromisiones, tal vez aún no hayan terminado de superar la cruenta guerra civil entre cristianos y musulmanes de los años 1999-2000 que terminó con la división en dos de la provincia… quién sabe.

Aún así, son correctos con los foráneos, nos lo demostraron sobradamente, por ejemplo en nuestro alojamiento, una casa privada de estilo colonial holandés, lo más parecido que he vivido nunca a las ambientaciones literarias de Agatha Christie: el ofrecimiento de té a todas horas, las camas con dosel, las charlas con dueños y clientes en el gran salón, el amigo extranjero que pasa largas temporadas y ameniza con el piano o el violín…

Hotel Ternate Indonesia
La espesa vegetación casi nos entra en la habitación

Volviendo al pasado, para defender tamaño negocio de las especias una sola fortificación era insuficiente, así que aún hoy, te puedes pasar todo un día yendo de una en otra.

Baluartes, sólo españoles, fueron al menos siete. Es cierto que en la mayoría no queda gran cosa,  pero han elevado con las piedras originales algunas estancias, mantienen muy cuidados los alrededores y las vistas desde ellos son fabulosas así que, quitando el “jartón” de subir y bajar escalones y cuestas, el recorrido se hace agradable.

Algunos son de obligada visita, por ejemplo: la fortaleza Tolukko, portuguesa, por su bonita entrada.

Fuerte Tolukko Ternate Indonesia
Más parece la entrada de un chalet de lujo

O, cómo no, Orange Benteng, por su gran tamaño y por mantenerse aún en pie y en uso, pasando con los años de oficina de la Compañía de las Indias Orientales, a base para el gobernador holandés de Ternate, para terminar como museo y puesto de policía en nuestros días.

Orange benteng Ternate

Orange Benteng Ternate 2
Uno de los larguísimos pasillos de la muralla que circunda la fortaleza

El museo de Orange Benteng es bastante modesto pero el personal de policía se siente tan orgulloso de explicarte su contenido, especialmente las fotos, que no puedes sino sentirte agradecida.

Museo orange benteng ternate
Curioso instrumento musical de cuerda a base de bambú

En su paseo externo, sin embargo, me sentí bastante inquieta: estaba fotografiando el exterior de la muralla, llena de chabolas, tratando de imaginar cuál hubiera sido su aspecto cuatro siglos atrás, cuando un señor comentó algo a su interlocutor y con cara de muy, pero que muy  pocos amigos salió a toda velocidad hacia nosotros.

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Exterior de un lateral de las murallas

 

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Exterior del lateral contiguo

Nos fuimos alejando como si no nos diésemos cuenta pero nos siguió casi durante media hora hasta que apareció otra persona y tras intercambiar con él unas breves palabras, renegando, decidió marchar.

Ya más relajados, decidimos visitar el Palacio del Sultán, o como se denomina allí, el Keraton Kesultanan Ternate, la casa-palacete que aún hoy utiliza el más alto mandatario de la isla cuando se encuentra por allá. Prácticamente lo único visitable después de los fuertes.

Palacio Sultán Ternate

Pero no nos permiten acceder, sin explicaciones. Ante nuestra insistencia de conocer el motivo, nos dicen que hemos de llevar pantalón largo y los hombros cubiertos.

Volvemos por la tarde ya preparados. Al igual que en la mañana, muchos hombres están sentados ociosos ante largas mesas con algunos restos de comida. Hablan entre ellos y de nuevo con ásperos rostros y tono despreciativo y, a pesar de llegar en hora, tampoco nos permiten entrar aduciendo ahora que es ya tarde. Preguntamos al chófer qué está pasando y elude la contestación.

Pero nosotros, ¡recalcitrantes! Además, no había mucho más que hacer, porque subir a pie al volcán Gamalama, de 1715 m, y con la calorina tropical, como que no, por mucho que fuera el alma de la isla.

Así que al día siguiente nos volvemos a presentar en la Casa del Sultán. A pique de que nos pasara cualquier cosa por no darnos por enterados de que no éramos bienvenidos, pero no, por fin, yo creo que dudando entre machacarnos o aplaudirnos, nos dejan pasar.

Nos sorprende la ausencia de cualquier tipo de lujo. De palacio a nuestra usanza, poco-nada. Más bien un chalet de estancias amplias con calidades de los setenta. Para ver: unos pocos muebles tallados de aceptable calidad arrinconados, una pequeña exposición de objetos históricos y de oro y muchas fotografías,  las cuales nuevamente, al igual que en Orange Benteng, merecían todo el orgullo de los vigilantes, que no nos quitaban ojo de encima.

 

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En el exterior un jardín. Casi diría que lo que más me gustó, en el que nos asombra ver a familias disfrutando del césped como si fuera su casa, jugando con los niños a la pelota. Como dato curioso, los escalones para acceder a la zona superior, donde se encuentra el edificio, cuarenta y cinco, que fue el año en que proclamaron la independencia. Bueno, realmente fue en 1945, pero poner los mil novecientos restantes quizá hubiera sido ya demasiado.

Palacio sultán 5 ternate indonesia

Palacio sultán 3 ternate indonesia

Con la frase satisfactoria de “al fin, no iban a poder con nosotros”, marchamos para ver una de las varias zonas donde siguen depositados restos volcánicos de erupciones no muy lejanas en el tiempo. Yo siempre imaginé la lava como un lecho de guijarros oscuros. Pero nada de eso, se trataba de bloques enormes, tremendamente pesados y de afiladísimas aristas.

Ternate lava

Sentí, pude palpar el pánico que debieron sufrir  aquellas personas que vivieron el momento de la tragedia.

Ternate lava 2 Indonesia
Rezando para no perder el equilibrio. Cuán terroríficas no serían además incandescentes

A continuación nos dirigimos hacia el lago Tolire, de visita turística obligada. Cincuenta metros de profundidad y, aunque no lo parezca, 689 de diámetro. Precioso panorama que resulta ser el cráter de un volcán.

Lago Tolire Ternate Indonesia

Te suelen contar su leyenda: un padre deja embarazada a su propia hija. ¡Qué fuerte! Los dioses se enfadan tanto que convierten al padre en el lago. Desde entonces, todos los visitantes tiran una piedra al agua en señal de castigo, mientras que la hija observa desde el pequeño lago cercano en el que quedó tornada.

Naturalmente, aunque tú mismo podrías coger las piedrecillas del suelo, te las venden, sí o sí. Acto seguido las lanzas no sólo para que condenes también el terrible acto sino para que verifiques la magnitud diametral ya que, todos picamos, crees que caerá por el centro pero, es tan ancho, que la piedra nunca llega a caer a zona de agua que se pueda divisar desde la orilla.

Otro mito local sobre el lago es la existencia en sus profundidades de cocodrilos blancos invisibles, que ejercen tal vez de guardianes de todas las fortunas que arrojaron al fondo los adinerados de épocas remotas para evitar que los extranjeros explotadores se las adueñasen.

Para finalizar el día pedimos que nos recomendaran un buen restaurante. Calidad, no sé, pero las vistas eran excelentes.

volcán Gamalama 2 Ternate
La mesa daba un poco de “yu yu”, mampostería suspendida sobre las aguas, pero el efecto, hechizante.

Parece ser que no existían muchos más restaurantes. A pesar de ello lo compartimos solo con una pareja más, con quienes por esas casualidades, unos días después coincidimos.

El era el patrón del ferry en el que, durmiendo apretujados y mojados en el suelo, conseguíamos salir de la isla dos días después de quedarnos atrapados en ella tras la entrada en erupción del volcán Gamalama, omnipresente, dueño y señor de toda la isla.

volcan gamalama ternate
Volcán Gamalama. Las nubes se juntan con la incipiente humareda.

 Historia que ya os relaté a su debido tiempo, de esas que te hacen reir… cuando la cuentas a tiro pasado, claro está… De las que te descubren una vez más la generosidad del pueblo indonesio y de las que te hacen descubrir un yo desconocido.

Ternate: historias remotas y actuales que se entrelazan, historias para recordar.

 

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