SERVICIOS MÉDICOS:  ¿Existen buenos médicos y hospitales o tendré que huir ante el primer resfriado? ¿Me cubrirá mi seguro?

Una de las cosas que más preocupa al visitante o al nuevo residente es la posibilidad de contraer una enfermedad, no ya “de las poco habituales” que, toquemos madera, de esas ya nos hemos vacunado antes, sino alguna otra más común.  Todos hemos oído historias de la precariedad de los hospitales y servicios  médicos en la mayor parte de Asia. Bien, tiene su parte de verdad, pero también eso está cambiando.

Aquí, la Seguridad Social, no existe. Unos más baratos, otros más caros… pero todos los servicios médicos son de pago. Si el problema médico en apariencia no es importante, existen consultorios a los que puedes acudir. Los precios son más que asequibles, si bien para buena parte de la población local no lo son tanto. Y esto, bajo mi punto de vista, es un gran problema, porque mucha gente no acude al médico por falta de medios y eso puede llegar a hacer que su enfermedad, que en muchos casos no debería presentar complejidad, se vea seriamente agravada.

Tratándose de tema sanitario, tal vez te sentirás más tranquilo acudiendo a una consulta “más” privada. Los precios son más elevados, pero para nosotros, razonable. El aspecto de la fachada del edificio puede que no te tranquilice del todo, sin embargo, al entrar, lo más probable es que te encuentres con unas instalaciones tan modernas como las nuestras, y con unos aparatos incluso más avanzados. En cuanto al idioma, muchos de los doctores, sin duda, hablarán inglés.

Por supuesto, siempre preguntas a los conocidos antes de decidirte por algún profesional en concreto. Yo he tenido que acudir al dentista. Y puedo decir que la doctora que me atiende, a nivel profesional, es con diferencia la mejor que me ha tratado nunca. Con perdón, si me lee alguno-a de mis antiguos odontólogos, mejorando lo presente, que se suele decir.

Si decides curarte por ti mismo porque se trata sólo de un resfriado o de un dolor de cabeza, algo has de tener en cuenta: existen muchísimas farmacias, denominadas aquí apotekas, y también parafarmacias, pero algunas no te darán ni un simple spray para descongestionar la nariz si no llevas una receta médica local.

Así que, o vas al médico, o no te olvides de traer contigo un  botiquín. Yo me traje antibióticos, antiinflamatorio, relajante muscular… todo lo que siempre me recetan mis médicos españoles en caso de esto o aquello que de vez en cuando se repite, pero la ley de Murphy nunca falla, ni se me pasó por la cabeza traer algo tan simple como un analgésico o un inhalador, que es lo que necesité hace poco. A fin de cuentas, como un resfriado son 7 días con medicinas o una semana sin ellas, lo dejé estar, lo dejé estar…, hasta que finalmente hube de claudicar y buscar un facultativo.

Mi recomendación es traer ya un seguro médico. Pregunta en el tuyo español si te cubre aquí y bajo qué condiciones. Y si no te cubre, métete en alguna página de expats o viajeros, porque suelen anunciarse compañías aseguradoras. Hacer el seguro en Indonesia directamente, si vas a ser residente (con tarjeta kitas), sin problema, pero si sólo vienes de paso, no sé si  alguna compañía te aceptará. Así que míralo con tiempo.

Como en España, algunos doctores aceptarán seguros y otros no, pero si desafortunadamente has de ser ingresado, merece la pena ir cubierto. Si nunca lo llegas a utilizar, mejor. Como se suele decir, es de los pocos servicios que no apena que caduque sin haberlo utilizado.

Una cosa quiero recalcar antes de seguir adelante. Yo, afortunadamente, de momento no lo he vivido,  pero sí lo he leído y me lo han corroborado dos amigos locales: si tienes una enfermedad o accidente y acudes o te llevan a un hospital, ANTES de ser atendido, alguien tendrá que justificar que puedes pagar. De lo contrario, casi con seguridad que no te atenderán, por muy urgente que sea.

Efectivamente, esto es para poner los vellos de punta, sobre todo si estás en estado tal que no puedas comunicarte.  Crucemos los dedos, es lo único que se me ocurre hacer, porque aunque lleves la tarjeta médica o la cartera encima, nunca sabes si desaparecerá antes de tiempo. Mi esperanza, llegado el caso, es que al ser extranjero den por hecho que podrás pagarlo y te atiendan. Pero no dejo de sentir un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo al pensarlo.

Al igual que siento escalofrío al oír la historia de un compañero expat: Dando un día marcha atrás con el coche, tiró a una niñita que no había visto. No parecía tener nada grave pero, asustado, la subió al coche y se la llevó inmediatamente al hospital. Pues bien, a pesar de que él dijo que se hacía cargo de todos los gastos que hicieran falta, fueron reticentes a atender a la nena porque su aspecto denotaba una condición social más baja que los pacientes habituales de ese hospital. Sólo ante su insistencia lo hicieron. Sin comentarios.

Dejando un poco de lado estas observaciones, os diré que, en lugares pequeños naturalmente no suele haber hospitales, pero en Jakarta, o aquí en Makassar, la capital de la isla, hay muchos. La calidad de cada uno de ellos, sinceramente, la desconozco, aunque como dato diré que el familiar de una amiga local necesitó sangre tras una operación y ella tuvo que ir de hospital en hospital hasta encontrar y, comprarla.

Sí puedo hablar de un hospital en concreto, por boca de compañeros, y por la mía propia, el Siloam, equiparable a cualquiera de nuestros mejores hospitales. Por su calidad, casi todos los expats solemos acudir a él.

A modo anecdótico, no me puedo resistir a contar lo primero que me pasó por la vista y la mente al llegar a él. Pensé: “Una de dos, o me he equivocado al dar el nombre del hospital, o el taxista, con mi indonesio macarrónico, no ha entendido adonde me tenía que llevar”. Pues no, ni una cosa ni otra, el lugar era el correcto, pero lo que menos me podía imaginar era a un señor uniformado como un figurín,  saludándome con una sonrisa de oreja a oreja mientras me abría la puerta. A continuación me veo:

siloam percheroUn carro transporta-equipaje de esos que se usan en los hoteles, con sus barras doradas de latón relucientes (aunque lo cierto es que se ven más en las películas que en la realidad).

A la derecha un Holland Bakery, un establecimiento de repostería y bollería muy repetido en la ciudad, impecablemente presentado, sin faltarle su gran rótulo luminoso sobre la vitrina.

Al frente, “Admisión” que más bien parecía el atención al público de una agencia de viajes, por poner un ejemplo. A la izquierda una librería repleta de libros en inglés, claro que luego constaté que en inglés sólo estaba la portada; el interior, en indonesio (qué cosas más extrañas se descubren).

Y en el centro…, en el centro un piano de cola junto a un árbol, artificial pero creíble. No había nadie sentado a él, sin embargo su música sonaba en toda la planta, aportando una agradable sensación. En definitiva, que si eres de los que sienten aprensión al entrar en un hospital, aquí te olvidas.

Música de piano, dulces, un buen libro y alguien que te lleve las maletas a la habitación… si dentro de ella estuviera el George Clooney ofreciéndote café, ya ni te digo.

siloan piano
Si te sientas al piano y te miran desde el frente, sólo tienes que moverte un poco y poner cara de emoción para dar el pego. El piano, sólo, hace lo demás.

Ahora ya hablando en serio, el hospital dispone de consultas externas. Normalmente no necesitas cita previa. Si el doctor cree que has de esperar mucho para ser atendido, te ofrecerá volver más tarde u otro día, pero tú eliges si quedarte o no. Diversos compañeros han pasado por pediatría, ginecología, urología, dermatología… incluso algunos han tenido que ser intervenidos, y hasta ahora, todos los comentarios han sido más que positivos.

Nosotros hemos pasado por un traumatólogo. Su trato fue estupendo y las pruebas necesarias se solicitaron y realizaron sobre la marcha. El resultado de las mismas se enviaron en el momento al médico quien inmediatamente diagnosticó, aportándonos recomendaciones y remitiéndonos al fisio quien comenzó ese mismo día la rehabilitación. ¿Se puede pedir más? Pues sí, el doctor personalmente nos acompañó a la farmacia y al fisio y nos dio su número de teléfono por si en algún momento le necesitábamos … Todavía estoy jadeando, no está una acostumbrada a hacer tanta cosa en tan poco tiempo.

En cuanto a las urgencias, por suerte o por desgracia, también puedo aportar datos. La hemos utilizado por un dolor tremendo en el costado, y fue entrada inmediata en el box. Sobre la marcha prueba radiológica. A la hora justa de entrar ya teníamos diagnóstico, piedra en el riñón. Media hora más tarde llegó el especialista y al poco ya estábamos en una habitación, que no nos dio tiempo ni a calentar, porque tan sólo una hora después entraba en quirófano.

Operación por endoscopia, poco invasiva. ¿Se puede pedir más eficacia?  Lo único que dejó algo que desear fueron los pinchazos para las extracciones de sangre y la vía, debían ser chicos en prácticas porque a pesar de aporrear todas las venas, hicieron una pequeña carnicería.

Las habitaciones estupendas: Espacio para dos camas, aunque sólo estaba ocupaba por una. Sofá cama (sin sábanas, eso sí), mesa, sillas y mesillas habituales, caja fuerte y lo que más me sorprendió, aunque vacío, fue el mini bar. Nos tocó el lado bueno del ala, así que cuando ya se encontraba mejor, era una gozada aquella cristalera de pared a pared y casi de suelo a techo frente al mar.

Baño individual cuya única pega es que la ducha, al igual que en la mayoría de las casas, no tiene plato. Esto es bueno para algunos enfermos, pero al no haber cortinas, el agua inunda todo.  En cuanto a su limpieza,  choca que lo hagan al estilo indonesio, es decir, que dejen todo el suelo empapado en agua. Yo sigo sin entender el motivo.

El “servicio de habitaciones”, perdón, el trabajo de enfermería, raudo y correcto, y la comida a la carta y…   ¡SIN PICANTE!     ¡POR FIN UN SITIO SIN PICANTE!.

Como delicatessen total, el domingo nos llevaron el periódico a la habitación. En indonesio, sí, que no había quien lo entendiera, pero no digáis que no fue todo un detallazo.

Antes de marcharnos con el alta aparece un grupo de siete u ocho personas. Pensamos, ya está, el grupo de estudiantes que viene a ver si el buleh (guiri) tiene algún órgano distinto a ellos. Pues no. Eran los jefes de todos los departamentos que habían tenido que ver en nuestra hospitalización, para ver si teníamos alguna queja o recomendación. Anda, espera en España lo mismo. Lo que es menester es siquiera que te reciban si pides “audiencia”. Bueno, en el Ruber o alguno de esos tal vez sí. Ojo, esto no quiere decir que todos los profesionales españoles pasen, que también los hay muy buenos.

Lo único que, bajo mi punto de vista, dejó que desear fue la cafetería para los acompañantes. Estaba el Holland Bakery que mencioné anteriormente. Si eres un adicto a los dulces y la bollería, estás en un paraíso, ofrece una gran variedad. Pero si lo que quieres es comida casera o sana, olvídate.

Había también un pequeño restaurante, supuestamente abierto 24 horas. Bien, pues a las 9 de la noche ya no había nada más que pollo discretamente picante y patatas cocidas. Calentarlo costó unos veinte minutos y tras la interminable espera, insisten en llevármelo ellos a la habitación. ¿Me lo podrían haber dicho antes de la espera in situ? Aún así no dije nada porque eso de que te lo llevaran a la habitación, como si fuera un hotel, es que me dejó perpleja.

El segundo día a mediodía todo era rabiosamente picante, pero se ofrecieron a hacerme huevo frito con patatas. Bien, al menos voluntad había. Aunque el resultado fue un sándwich de huevo sin patatas. Decidí de paso encargar la cena para asegurármela y me dicen que vale, que estará lista, no importa la hora a la que la recoja. Voy más tempranito que el día anterior, por si acaso, y… se han olvidado de mi pedido, y la cocina está nuevamente cerrada, esta vez sin nada de nada. La chica, que ya me conoce, se apiada y dice que buscará huevos y pan para otro sándwich y que me lo llevan a la habitación. Gracias, algo es algo, pero lo que no dijo es que sería una hora y media después, cuando ya lo daba por perdido.

En fin, si es sólo de esto de lo que me tengo que quejar en un hospital, sea del país que sea, me doy con un canto en los dientes.  La próxima vez me llevo mi tortilla de patatas en el bolso como se ha hecho toda la vida y chis pum, asunto resuelto.

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