Un enorme y divertido parque de ocio y dos km de playa dorada donde descansar o practicar deportes. Colofón ideal para un gran viaje.

Último día en Singapur, que decidimos dedicar a actividades lúdicas porque ¡quién que visita Singapur no ha oído hablar de Sentosa!

Pero, ¿alguien sabe algo sobre Sentosa antes de que se convirtiera en lo que actualmente es? Os voy a dar, como curiosidad, unos pequeñísimos apuntes, porque fui la primera en quedarme impresionada cuando me enteré.

Bien, para comenzar, no fue hasta 1972 el bautizarla con este nombre, por deseo popular. Su significado es “paz y tranquilidad”, en contraposición al que hasta entonces se venía utilizando “Pulau Belakang mati”, literalmente algo así como “isla con muertos atrás”. Bien distinto ¿verdad?

Y es que, parece ser que durante la Segunda Guerra Mundial, la isla era una fortaleza militar británica y que, más tarde, durante la ocupación japonesa, mucha gente fue asesinada allí. Finalizada la contienda volvió de nuevo a manos británicas hasta que finalmente, en 1967 se entregó a Singapur, convirtiéndose en base naval.

Fue ya en la década de los 70 cuando el gobierno decidió dar un cambio radical a la isla y hacer de ella lo que hoy es, un lugar fabuloso de esparcimiento y diversión, disfrutado por los turistas a partir de 1998.

Sentosa, entre otras cosas, consta de dos campos de golf y de dos partes que nada tienen en común: la primera un tremendo parque de ocio llamado World Sentosa y la segunda, una playa de dos kilómetros de longitud. Pero, no vayamos tan deprisa, la aventura comienza antes de llegar.

A no ser que tomes un taxi y vayas por la calzada normal y corriente, cogerás el transporte público y, una vez en el Centro Comercial Vivo City, a donde has llegado directamente al apearte en la parada de metro Harbour Front, tienes un gran dilema: ¿Qué flecha sigo? Hay tres. ¿Cómo será mejor llegar hasta allá? Pues, te ayudo rápidamente a decidir:

1: Si no quieres gastar más de la cuenta (a estas alturas ya habrás comprobado que toooodo es carísimo en Singapur), o si quieres llegar rápido, el monorraíl express es tu opción. El trayecto son unos 4 minutos.

2: Si eres un atrevido y tienes prisa por llegar a la playa, elige la opción tirolina. Tras una buena descarga de adrenalina te dejará directamente en ella.

3: Si quieres disfrutar de unas vistas excepcionales, coge el teleférico. Son más de veinte dólares, pero merece la pena. A pesar de mi vértigo, yo tomé este último, y aunque algo nerviosilla estuve, no me arrepiento lo más mínimo.

Una vez en tierra firme, nos ofrecen atracciones de todo tipo. Puedes pagar sólo una, comprar un paquete, o simplemente pasear por todas partes, que eso, milagrosamente, es gratis. Si sólo dispones de un día y quieres echar un vistazo general, con una o dos atracciones vas sobrado.

Y es que, lo mismo te encuentras aves exóticas con las que fotografiarte, como que puedes subir al mirador del Merlion, la estatua emblemática del país, entrar en un cine 4D, posar con la flor y nata internacional en el museo de cera de Madame Toussaud, o disfrutar durante horas del Universal Studios… por no decir que también puedes nadar entre tiburones y delfines en el centro subacuático, que eso sí que es un atraco a mano armada.

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Nosotros, por decir que entrábamos en algún sitio, elegimos el Trick eye museum, es decir, el  “trampantojo” o lo que es lo mismo, “engaña ojos”, estas pinturas o decorados realizados con tal maestría que hacen creer al espectador lo que no es, y en las cuales puedes “integrarte”.

No niego que pasamos un rato super divertido, si bien creo que debieran retocar ligeramente las salas. Las pinturas se ven antiguas, en la mayoría de los casos no están del todo logradas y las figuras demasiado brillantes, lo que a la hora de visualizar las fotografías, no da mucha credibilidad.

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El resto del tiempo paseamos curioseando cada esquina porque, ya digo, resulta de lo más entretenido: Amplias y lujosas calles en las que encuentras mil restaurantes, entre ellos el popular Hard Rock, simpáticas tiendas, una fuente con luz y sonido…

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Una tienda enorme, sóoooolo con productos Hershey`s. Humm, sólo mirar engordaba.

Hoteles de cinco estrellas con lujosos pasillos y lujosísisimas tiendas –vacías, eso sí-, y con esculturas, no sé si originales o no, de Botero y… de Dalí. Incluso te encuentras un poquito más de España, una calle ocupada por una larga fuente de estilo Gaudí.

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Subimos luego al monoraíl gratuíto para acercarnos a las playas. Los dos kilómetros de costa están divididos en tres zonas, por las que te podías mover no sólo a pie sino en bus y en trenecillos gratuitos. Depende de tus afinidades, eliges entre:

  1. La playa Palawan, con un precioso puente colgante que te lleva a un islote minúsculo con un cartel que te anuncia estar en el punto continental asiático más al sur de todos. También hay dos torretas de madera desde la que contemplas la costa indonesia, no muy lejana.
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    In situ, mucho más largo y bonito de lo que luce aquí, y no digamos la costa de arena dorada
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    ¿Véis cómo progreso? ¿Quién me diría que sería capaz de pasar un puente de madera y cuerda que se mueve al caminar?

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  1. La playa de Siloso, donde los jóvenes se divierten con partidos de voleibol playa, piragüismo y otros deportes.img_0688
  1. Y la playa de Tanjong, la más alejada y tranquila, una calita casi escondida tras unas rocas, con unas tumbonas, como digo yo, tipo cama, que invitan a una romántica puesta de sol. Pero, cuidado, no os durmáis, porque a no ser que estéis alojados en la isla, los transportes para regresar no funcionan hasta demasiado tarde.

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Sentosa: Un conjunto no masificado, limpio, organizado, atractivo, divertido, relajante…

Una apuesta segura para terminar un viaje ajetreado.

 

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