Nos adentramos en la cruda y terrible realidad de los efectos de una guerra que, no sólo siguen presentes día a día después de medio siglo sino que, también lo harán durante las dos próximas generaciones. 

He visitado bastantes museos militares y de historia de las ciudades. De todos ellos he sacado aprendizaje y en todos ellos ha habido siempre algo que me conmoviera de manera especial,  una historia heroica, fotos de personas ejecutadas, una simple bala incrustada en una petaca que salvó la vida de su dueño …

He explorado varios campos de concentración en los que, quieras o no, te metes en la piel de los antiguos moradores, con toda la emotividad que ello conlleva.

He recorrido el museo de Hiroshima y resultaba tan tremendamente impactante ver el triciclo huérfano de un niño que feneció como la mancha en un peldaño, lo único que dejó una persona que estaba tranquilamente descansando, desintegrada en décimas de segundo por el terrible efecto expansivo de la explosión atómica.

Después de todo esto, Uxo Lao, un pequeño museo en Luang Prabang, al norte de Laos, que casi no viene en el mapa turístico, que ni siquiera viandantes a los que preguntábamos sabían dónde se ubicaba, no creía yo que mereciera mucho la pena. Y entiendo que no lo conozcan, los de casa porque tal vez quieran olvidar, y los de fuera porque es pequeño, muy pequeño y sin demasiado material expositivo, al menos convencional.

Sin embargo me ha marcado igualmente, con la misma fuerza que los otros. En parte por haber estado la guerra de Indochina presente cada día en el telediario de mi niñez. ¡Cuántas imágenes en directo de las ofensivas! En parte, por comprobar personalmente que ahí están aún, frente a nosotros, los efectos escalofriantes en miles de víctimas inocentes.

Nos recibe una casita cuyas fachadas más parecían un hotelito con encanto. Con unos tótems en los arriates circundantes que, al acercarnos, madre mía, resultaron ser bombas recicladas. Sentados a la sombra, un par de ancianos con cara triste y cansada, nos señalan la entrada.

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¿No parecen, de primeras, unos bonitos arriates?

Laos permaneció oficialmente al margen de la contienda entre EEUU y Vietnam. Sin embargo, debido a su posición geográfica, se vio colosalmente bombardeada en un intento de cortar una de las vías más importantes de aprovisionamiento de Vietnam. La más bombardeada de la historia, según datos, no habiéndose salvado ni una sola de sus provincias.

El nombre del museo, UXO, proviene de las siglas de Unexploded Ordinances, algo así como material, munición no explosionada, porque de eso  precisamente se trata, de mostrar al mundo los distintos tipos de explosivos utilizados y sus efectos, los pasados, los presentes y los futuros.

Sólo un par de pequeñas y humildes salas dentro. Una con varias sillas y un proyector y otra con exposición de bombas, recortes de periódicos, antiguas fotografías y paneles explicativos. Suficiente y sobrado para ponerte en la piel de la población y estremecerte hasta lo más profundo. Unas pocas líneas os harán darme la razón:

Más de dos millones de toneladas de bombas fueron lanzadas, o lo que es lo mismo, unos 270 millones de bombas. Por si esto no fuera suficientemente aterrador, un 30% de este material no explosionó.

Este 30% suponen unos 80 millones de bombas por ahí sueltas, nadie sabe dónde, aún sin detonar, cosa que puede ocurrir en cualquier momento si te topas con ellas por casualidad o si se manipulan incorrectamente.

 ¿Podéis haceros una idea de lo que eso significa? Pues, en cifras, eso significa: Que más de 70.000 personas han muerto desde la finalización del conflicto hasta nuestros días por explosiones tardías. Significa que 300 personas cada año siguen siendo víctimas de las mismas. Y significa que, aunque cada año se desarticulan unas 6.500, que son muchas, si echamos cuentas, para limpiar toda la zona serán necesarios unos 100 años más.

¡Te quedas sin palabras!

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Imagen de google, ya que a mi se me fueron las ganas de hacer fotos dentro del edificio

Te sientas a digerir todos esos datos mientras comienza una proyección. Te imaginas que verás las típicas imágenes de contienda, pero no. Las imágenes muestran el proceso completo desde que encuentran un explosivo hasta que lo detonan, en el que colaboran expertos locales y extranjeros: cómo acotan la zona, cómo excavan alrededor con cuidado, cómo calculan lo necesario para detonarla, cómo lo transportan… Un muy interesante reportaje.

Pero hay muchos más, tú mismo eliges el título y lo pones. Alguien se decantó por relatos de damnificados, de este mismo año incluso. Y en este punto ya se te termina de caer el alma a los pies:

Niños que juegan y se encuentran con lo que creen que es una pelota, a la que obviamente patean y… BUMMM.

Campesinos que encienden una fogata para cocinar, justo unos centímetros más arriba del artefacto sepultado y… BUMMMM.

Mujeres trabajando en los arrozales con el agua por la cadera que de repente pisan lo que parecía una piedra y … BUMMMM.

Otras veces explotan sin más, de manera fortuita, alcanzando a cualquiera que se encuentre en las inmediaciones….Tremendo, realmente tremendo.

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Igualmente imagen de google. Esto es una bomba de racimo, una de las más lanzadas sobre la zona. Abierta en la exposición para ver su composición, entiendo ahora el alcance de cada bombardeo y el que haya tantos millones de explosivos aún sin encontrar. Cada proyectil está compuesto por decenas de pequeñas bombas.

Para mayores, si la persona no fallece, sino que queda ciega, manca, sin piernas… aún peor ya que, en una población mayoritariamente pobre y rural como la laosiana, es una grandísima desgracia no ser capaces de trabajar nunca más en el campo, su único sustento.

Incluso el “simple” hecho, como relataba una joven, de quedarse desfigurada, implica que ya no encontrará marido y a ver cómo se alimentará cuando falten sus padres.

Esta escasez de medios de sustento también les lleva a correr riesgos de forma voluntaria. Y es que, todo el material que conforma una bomba (hierro, cobre…) es vendido. Si además se trata de un artefacto de grandes dimensiones, dependiendo de su estado de conservación, puede llegar a pagarse muy bien y solucionar la vida de toda la familia por un largo período. Así que ellos mismos se lanzan a la búsqueda de artefactos sin la más mínima protección.

Y a fe que vimos cantidad de bombas recicladas. No sólo se utilizan para la construcción o las fábricas. Con ellas también hacen artesanalmente cucharas, platos, vasos, maceteros, esculturas u otros elementos decorativos…

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Un proyectil reciclado como jardinera en una calle

No es tampoco extraño encontrarse con tenderetes repletos de souvenirs realizados con la misma materia prima: llaveros, colgantes… Al principio estos souvenirs nos causaban aprensión pero una de las vendedoras nos dijo: por favor, comprad aunque sea una cosa, nos ayudaríais.

No me lo había planteado así. Efectivamente, les ayudaríamos, tanto a conseguir algo de dinero como a quitarse de encima poquito a poco aquello que tanto daño y dolor les ha causado y les continuará causando a las dos generaciones venideras. Así que compramos varias cositas para regalar  y nosotros nos quedamos con un par de llaveros, uno con la forma de una bomba y otro con la de una paloma, que tengo siempre sobre una de las mesitas del salón.

Porque aunque estoy segura de que el mundo se olvidará de este dolor más bien antes que después, y de que no hay forma de que aprendamos después de tantas catástrofes causadas por el hombre, al menos yo, no quisiera nunca olvidarme.

 

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