¿Cómo es una boda cristiana en un país asiático musulmán? Sin duda, una mezcla de tradiciones. Similitudes y diferencias con las españolas.

Llevo una semana en Makassar y acaban de invitarnos a una boda para el próximo domingo. Sintiéndolo mucho, no podremos acudir porque mi marido estará trabajando y yo no sé aún manejarme sola, además, no conozco absolutamente a nadie, ni siquiera a la novia, compañera suya de trabajo. Así que no me preocupo de preparar nada.

Pero hete aquí que, la noche antes, mi marido me dice, me han cambiado la programación, mañana libro, así que vamos de boda. ¿Quééééé? Sólo me traje ropa de batalla, batalla (bermudas, batitas, camisetas…) y un par de vestidos más monos por si acaso pero que no se si serán apropiados porque tienen los hombros descubiertos y uno es además negro. Aquí la gente es muy sencilla, me explica. Este mono de colorines puede servir, con algo para los hombros…

A pesar de ser de las que no se dejan el sueldo en ello ¿alguna vez se me habría ocurrido pensar que iría de boda con un mono comprado en un chino por 20 euros? Y nunca mejor dicho, por muy mono que fueraaa? Pues no había otra, porque mi curiosidad por ir era mayor que cualquier otra cosa.

Así que al día siguiente por la mañana, yo con mi mono y él con su camisa de batik, prenda tradicional, perfectamente adecuada para cualquier evento, allá que nos fuimos a la iglesia. Ya es casualidad que sean cristianos, porque hay poquísimos en la ciudad.

El templo era como cualquier otro  moderno de España. En la entrada nos dieron una cajita de cartón a cada uno. Serán pétalos, o arroz, o algun recuerdo… La abrimos y nos quedamos estupefactos: agua mineral y un par de bollitos. Lo del agua lo podíamos entender, porque hacía mucho calor, pero los bollos… ¿Es que la ceremonia será tan larga que nos hará falta reponer fuerzas?

Junto a nosotros, otro compañero de trabajo, norteamericano, con su mujer e hija,  con las mismas caras. También era su primera boda… Treinta y cinco minutos esperando y aquello no parecía querer comenzar, empezábamos a entender el por qué de las viandas.

Los invitados iban bien vestidos, pero no tanto como nosotros haríamos en un evento de este tipo. Unos en plan indonesio, otros con estilo musulmán y algunos “normales”, es decir, a la occidental. Finalmente llegan los novios. El con traje de chaqueta y ella vestida de blanco, totalmente a nuestra usanza.

Nos llama la atención que en todo momento en el altar hay varias personas, con unas bandas verdes, ejerciendo algo así como de padrinos, aunque el significado exacto aún lo tengo que averiguar.

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La ceremonia, para que nadie perdiera detalle, se seguía en dos pantallas gigantes que colgaban del techo. Éstas servían también como karaoke, porque proyectaban la letra de las canciones: más práctico y ecológico que repartir los papelitos.

Aunque choca un poco la tecnología en un templo, a mí me encantó porque además de ver la cara de los novios en todo momento, como la pronunciación del indonesio es tan parecida al español, hasta pude cantar, así no parecía una estatua. Sin tener ni idea de lo que decía, claro, pero estando en lo que estábamos, algo intuías.

Hasta aquí todo normal. La gente que quiere va comiendo los bollitos, cosa que ya no veo tan normal, pero que debe serlo también.

Y de repente, los novios se dirigen a los padres. Un gran bullicio, mucha gente va hacia los novios, mil cámaras empiezan a disparar. ¿Qué pasa? ¿Alguno de los novios se ha arrepentido? ¿Alguien se encuentra mal? No nos atrevemos a movernos, así que miramos las pantallas gigantes con verdadero interés.

¡Díos mííío! ¿Si os digo que he rememorado ese momento mil veces y todas ellas se me ponen los pelos de punta y los ojos llorosos?

La novia se arrodilla ante su madre, la abraza por la cintura. La madre la arropa con sus brazos, y así se quedan un buen rato, ella con la cabeza hundida, la madre acariciándola… ¡Están despidiéndoseee!

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A continuación hace lo mismo con su padre. El novio la emula. Una vez finalizan, lo repiten con los padres del chico.Yo al principio disimulaba con el piquito del clínex, pero cuando me giré a los lados y vi a todo el mundo a moco tendido, hombres incluídos, para qué iba a seguir con el nudo en la garganta, con lo que dueleee.

¡Sin duda es de lo más emocionante que he visto en mi vida! Más tarde me enteraría de que no es sólo una despedida sino también la manera de dar las gracias por todo lo recibido de los padres y de pedir perdón por todas las preocupaciones y trabajo que le han causado.

Finalizada la ceremonia, fotos mil, quizá la cosa que, junto al karaoke, más les gusta a los indonesios.

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A continuación, el padre de la novia se acerca a nosotros y por señas (porque ni él habla inglés ni nosotros indonesio), nos invita a comer en su casa, algo muy de agradecer, porque si a la iglesia va sólo la familia, a la casa va sólo la familia más íntima.

El pasillo de telas habitual, del que ya os hablé, estaba formado. Nos hicieron pasar casi hasta el final, nos ofrecieron sillas y unos dulces. A continuación nos indicaron que fuésemos a la mesa buffet y nos sirviéramos. Nadie, hasta que nosotros no estuvimos servidos, se levantó a coger porque nos consideraban los invitados de honor. Fue un poco embarazoso, todo el mundo mirándonos sonrientes y esperando. No está una acostumbrada a ser vip. Además, tampoco te atrevías a coger mucho, por una parte por discreción y por otra porque no sabías si estaría picante, que es lo más común.

Afortunadamente sólo picaba una de las cosas y, como lo correcto es dejarte algo en el plato porque eso significa que has comido suficientemente, salimos del apuro.

Lo habitual después de comer  es que te despidas y te marches. Pero ¿dónde están los novios? Hasta entonces, con el corte que llevábamos, ni acordarnos de ellos. Nos conducen a una salita donde están los super íntimos y ella nos despide en vaqueros y con una toalla en la cabeza. ¡Los ojos a cuadritos! Insisten en que vayamos a la fiesta de la noche. La familia no parecía muy rica, pero la cita de esta noche es en uno de los mejores hoteles de la ciudad, el Clarion, nada que envidiar a nuestros hoteles de lujo.

Descansamos unas horas y nos vamos para allá. Yo con mi mismo modelito de los chinos pero sin torerita. ¿Estás seguro de que es aquí? Sí, no hay duda. En la entrada del edificio donde haya algo que celebrar, se suelen colocar unos enormes paneles decorados con flores de papel felicitando a quien corresponda. Gracias a que vemos el nombre de los novios, Marsha y Wira, porque el resto del texto, de momento, no hay quien lo entienda.

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La entrada impresionante. De nuevo el pasillo, pero esta vez super espacioso, con telas de seda que brillaban a rabiar. Recordaba a las fiestas de las películas americanas. Podías ver algunas fotos de los novios, la caja enorme donde meter tu sobre con el dinero a regalar, el libro de firmas y la mesita de los botes con pastitas que daban de recuerdo.

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¿Dije entrada impresionante? El salón siguiente sí que era impresionante. ¿Moqueta para  mil personas? ¿O eran más? No sabría calcular. Todos, ahora sí, elegantísimamente vestidos (aunque en algún caso al gusto de la zona).

Un grupo rockero sobre una tarima amenizaba la velada. A continuación, sobre otra tarima enorme, contrayentes y consuegros saludaban uno por uno a los invitados que hacían cola para felicitarles y hacerse la foto de rigor.

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Los novios con algunas invitadas

Los trajes de la mañana habían sido sustituídos por otros de fiesta, de corte tradicional indonesio los de las mujeres, tan sencillos como espectaculares. Lo-as consuegro-as  vestían iguales, algo muy común, simbolizando que a partir de ahora, ambos serán de la misma familia y estarán al mismo nivel.

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Los padres de la novia, que vestían exactamente igual que sus consuegros

Abajo, los que ya habían cumplido, estaban comiendo. Había un pequeño acotado con media docena de mesas redondas y sillas alrededor, la zona para los vip, a donde nos dirigieron para que comiésemos. Pero, todo cortados, decidimos irnos con “el populacho”, donde se encontraban otros compañeros.

Dos larguíííísimas mesas, tipo bufett, recorrían el  salón. Del todo insuficientes, pegadas a la pared, 3 filas de sillas, como si de una sala de espera se tratara, cada silla al lado de la otra y cada fila de espaldas a las otras. Los que llegaron primero se sentaron en ellas, los otros, la mayoría, comiendo de pie.

Todos estaban como pez en el agua, pero a nosotros, qué quieres que diga, nos faltaban manos. A ver, si en una tienes el plato y en otra el vaso, ¿con cuál comes?. Decidimos soltar el agua y no beber hasta el final, no había otra.

Sí, el agua, porque sólo había agua y té, las bebidas habituales de la población. Los refrescos no son consumiciones demasiado habituales y el alcohol, independientemente de que está medio prohibido y por lo tanto, es muy caro, no se suele servir por respeto hacia todos los musulmanes invitados.

Comida, desde luego no faltaba. Y la fiesta, con eso ya queda más que cumplida. Nada de bailes, ni brindis, ni vivan los novios, ni puros, ni nada por el estilo, así que, tras felicitaciones nuevamente deseadas y comida degustada, nos dispusimos a marchar.

Pero es imposible hacerlo sin antes tener que posar con tropecientos invitados. Al principio nadie se atreve a pedírtelo, pero en cuanto lo hace uno, los demás acuden raudos. Hay a quien le molesta. Supongo que cuando lleve aquí más tiempo igual me puede pasar, pero de momento, qué más me da sonreír y mirar a la cámara. Posiblemente seamos los primeros occidentales que ven en su vida.

Las mujeres se cogen a ti para posar como si te conocieran de toda la vida, mientras que los niños te miran con ojos de temor. Tienes que reprimir tus ganas de hacerles una caricia porque los dedos se te van a la cabeza, y éste es un sitio sagrado que no se debe tocar.

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Algunas personas sí te tocan a tí la cara o los brazos. Piel blanca y ojos y pelo claros les parecen irreales. Como pueblo muy supersticioso, hay alguna embarazada que va más allá, te toca la piel con la esperanza de que la de su futuro hijo salga como la tuya, más clara.

No, por qué me voy a molestar. ¡Es tan fácil a veces hacer que alguien disfrute! Seguro que muchos recrearán el momento durante meses e incluso años (¿o no hice yo lo mismo de jovencita con los compañeros extranjeros de mi padre?).

También yo recrearé todo este día durante meses y años y, sin duda,  el recuerdo de cada uno de los allí presentes, me marcará una bonita sonrisa.

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