Baño, cocina…Habitáculos que en Indonesia  no dejarán de sorprenderte.

Como en todas partes nos vamos a encontrar casas modernas o antiguas,  más o menos grandes, más o menos lujosas… Eso ya lo iremos descubriendo.

Lo que ahora quiero describiros es cómo es una casa de tipo medio, el tipo por el que nos decidimos casi todos al llegar. Sencillas pero que, con unos pocos adornillos patrios y otros pocos locales, suelen resultar coquetonas. A la nuestra la hemos dado en llamar “la casa de las conchas 2”, ya podéis imaginar por qué.

Se encuentra en una urbanización que nosotros consideraríamos intermedia, aunque la población local la considera de lujo. Son casitas unifamiliares individuales de varios tamaños: desde minúsculas de un dormitorio, a enormes, con quién sabe cuántas. Esta en concreto es de tres dormitorios.

Por fuera parece de dos plantas, que es lo habitual, pero tiene sólo una, lo cual es estupendo porque la altura despejará un poco el calor. Además,  si mantienes ligeramente abiertas las puertas de las habitaciones, no necesitas más que un aparato de aire acondicionado en funcionamiento, y no como en la anterior casa, que el dormitorio estaba arriba, y si habías de subir para algo y el aire no estaba conectado, las sienes te empezaban a bombear de tal manera que tenías que conectarlo, salir inmediatamente, cerrar la puerta y esperar unos minutos hasta que se enfriara ligeramente.

¿Exagerada? Baste decir que, un día olvidé descongelar algo para comer. Subí un par de filetes de carne al dormitorio… En el tiempo de ponerme la ropa de faena y barrer, estaba perfectamente descongelado.

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Casualidades de la vida. El cubo de basura de la entrada, made in Spain. ¡Tener que venir hasta aquí para leer eso en la etiqueta!

Entras directamente al salón. No está mal de tamaño, baldosas modernas, todo blanco… Los dormitorios son amplios, sobre todo el principal, con baño dentro. No están mal tampoco, aunque no suele haber armario alguno. Suerte que uno no lo vamos a utilizar y con unas simples barras y baldas, queda un vestidor estupendo.

Llegas al baño. ¿Para qué pondrán una manguera con grifo junto a la taza del water? Pues igual que en el resto de los establecimientos públicos, para lavarte “después de”. Porque el papel higiénico no es algo que se use habitualmente, al menos en el baño (sí como servilleta. Ya, ya contaré).

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La idea no es mala, la verdad. Higiénica es. Pero lo cierto es que hay que estar habituado a ello, porque te aseguro que a los de fuera, les cuesta atinar, y el agua va para todas partes menos para donde tiene que ir. Menos mal que siempre hay un desagüe en el suelo.

Yo estoy esperando a tener más confianza con alguna persona local para que me explique cómo lo hacen, porque un vestido aún te lo “arremangas” pero los pantalones… habrá que quitárselos enteros si no te quieres poner chorreando, digo yo.

La mayoría no llegamos de acostumbrarnos a ello, así que de estar fuera de casa, llevamos siempre clínex en el bolso o en su defecto, cogemos tisús del sitio más cercano.

Pero ellos sí que usan la manguera, por lo que no me gusta llevar pantalones muy largos, por si acaso no se ha secado el suelo del uso anterior. Aunque he de decir que aún no he encontrado un sitio, por muy cutre que fuere, con el suelo sucio como en otros países. Mojado sí, pero no sucio.  Se preocupan de pasar la manguera por el suelo para dejarlo impoluto antes de salir, o hay una persona esperando que salgas para limpiar antes de que entre la siguiente.

Sigo mirando el baño. Algo no termina de cuadrar, qué es, qué es?

Ah, ya, dónde está la ducha?  -pregunto.  -Allá, ¿no ves el grifo y la alcachofa?

-Esto… sí, pero ¿y la placa de ducha?   -No hay ¿para qué? ¿Para qué crees que está el desagüe en el suelo?

-Pero se mojará todo el baño. -Claro, pero se seca solo.  -Ah!

– ¿Y la cortina para que no salpique por todas partes?  -¿Cortinas? No, aqui no se suelen usar. Te echas el agua con cuidadito y au.

-Ah! ¿Y el calentador cómo funciona? No funciona, pero no te quejes, que en la mayoría de las casas ni hay. – Ah, pues vale, visto así, no me quejaré.

-¿Para qué quieres agua caliente?   -Pues ¿para ducharme?.  -Con el calor que hace no necesitas agua caliente.  -Ah! Bueno es saberlo!

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La tarima de madera colocada no resultó buena idea. El agua se estancaba bajo ella.

Es cierto que el agua está en un depósito en el tejado y a mediodía sale más bien hirviendo, pero si te duchas a las tres de la mañana como hace mi marido mil veces antes de ir a trabajar o si tienes el aire acondicionado puesto (que lo tienes, por supuesto, las 24 horas del día), no viene mal que esté algo tibia.

Pides que te arreglen el termo, pero mientras sí, mientras no (que dura más el no que el sí), ahí me tienes un día y otro, calentando el agua en la cocina, mezclándola luego en un barreño con agua fría y usando un cazo para remojarme.

No, no pasa nada. En el fondo te sientes super a gusto, porque te recuerda los baños aquellos en el barreño que te dabas en casa cuando eras pequeña. Esa “pizquita melancolía” es boniiiita!  Y no como mi marido, que se empeña en hacerse el valiente y cuando se ducha empieza: Uh, ah, oh, y la verdad, parece otra cosa, cualquier día alguien nos denuncia por escándalo público.

Además, he mencionado “la cocina”. Es un placer poder decir “voy a la cocina”. Para los que me conocen y saben que siempre he odiado cocinar, no, a la vejez viruelas, no.

Es que no todas las casas cuentan con el privilegio de una cocina, y aunque sea sólo para hacer una tortilla de patatas, que eso sí se me da bien, se agradece un techo encima. Está espartanamente amueblada, es verdad, pero cocina cubierta al fin y al cabo.

Por contra, casi todas las casas tienen un pequeño patio interior descubierto. Está muy chulo que se vea verde dentro de casa, pero no, no es esa la misión. La misión es justamente hacer las veces de cocina.

Imagino que es una costumbre de cuando sólo había casas de madera. En otros países he visto las casas antiguas de madera con las cocinas fuera  para evitar que, en caso de incendio, éste se propague a la vivienda, pero en cualquier caso, siempre eran cubiertas y cerradas, y no a la intemperie.

Y, aún suponiendo que el calor de fuera no me importara a la hora de cocinar, que ya habría de echarle valor, ¿qué hago en la época de lluvias?, porque aquí, si llueve, llueve, nada de chirimiris.

A pesar de todo, la gente no se queja demasiado, y ciertamente es muy habitual usar el patio para cocinar (no queda otra). Pegado a la pared se encuentra lo que en mi tierra se denominaba el “poyo hornilla”, es decir una balda de azulejos blancos sobre la que se coloca una pequeña cocina portátil de gas de dos fuegos.

La pileta para fregar puede estar dentro o fuera de la casa, al igual que los muebles para guardar los platos y la comida, que ya te los apañas tú con cajones de plástico porque tampoco es que a priori los tengas. El frigorífico en el salón, como mandaban los viejos cánones.

Así que yo contenta, porque tengo cocina dentro de la casa, si bien el que esté cerrada fue gracias al pacto en el momento de alquilar, pacto que por nuestra parte se materializaba en el pago de más renta, claro está. De lo que no me libro es de la balda de mosaicos blancos. De nuevo el puntito bucólico, aunque le faltan las cortinillas de cuadros. ¿Alguien que ya haya cumplido los 45 se ha librado de ellas?

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También conseguimos pactar algunos módulos de melamina que algunos obreros que vienen abren y admiran curiosamente

También en el patio suele haber dos mini habitáculos. Uno es el cuarto de la criada. Nunca han sido éstos muy grandes, y aquí no iba a ser una excepción. El otro es su cuarto de baño, compuesto por una pieza de agujero en el suelo, nada que sorprenda,  y una estrecha pileta donde se deposita agua.

Esta pileta sirve para ducharse, efectivamente, pero no como todos creemos cuando llegamos. Pensamos “¿cómo podrán meterse dentro con lo pequeña que es?”. Pues no, es que no se meten: se quedan fuera,  cogen agua de la misma con el cazo y a echarse el agua toca.

Afortunadamente estas dos habitaciones, en nuestro caso, están dentro de la casa. Y yo las utilizo, respectivamente, como despensa y cuarto de la lavadora, que es lo único que cabe y además vienen al pelo el grifo y el desagüe.

Así que tranquilos, pasado el shock inicial de cocina y baños, es una casa como otra cualquiera, mejor que muchas de las que conozco en mi país. Unos pequeños toques personales y te encuentras en tu hogar.

Si quieres disfrutar de algo más lujoso ya que, al fin y al cabo, en tu país te saldría más caro y aquí te lo puedes permitir, sin duda, puedes. Hay casas gigantescas y si, como es el caso de algunos amigos, encargas a una empresa que te busquen muebles de diseño, porque tú no los vas a encontrar, eso te lo aseguro, pues te sientes en un palacete. Ahí sí que no te faltará ni bañera, ni vitrocerámica, ni nada de nada, ni siquiera casetilla anexa a la casa para un guardia de seguridad.

Cierto es que casi todos estos amigos trabajan para empresas extranjeras (de sus países, que no de Indonesia ni de España), y no sólo le pagan la casa y los muebles sino también el coche, el chófer, el colegio de los niños… incluso a veces, personal de seguridad…

Eso es tener un buen contrato y lo demás son tonterías.

 

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