Cosas necesarias o superfluas a la hora de hacer tu maleta con destino  a Indonesia

Qué me llevo. Esta es una cuestión a la que le das mil vueltas, le preguntas a todo el mundo y le vuelves a dar otras mil vueltas. Al final, entre los consejos y la lógica, te vas decidiendo.

Creo que metí todo, pero como ya estoy en el avión Amsterdam-Jakarta y tengo 16 horas por delante, hay tiempo de repasar mentalmente, por si me he dejado algo olvidado. La verdad es que no sé para qué, porque a ver quién se da ahora la vuelta pero, no creo que haya nadie que se resista a hacer la verificación, aunque ya no tenga remedio.

A ver, comienzo, siguiendo el consejo que suele dar mi marido, cuando ya tenía todo el equipaje preparado, lo abrí de nuevo, saqué la mitad de la ropa y puse el doble de dinero. Bueno, realmente saqué  ropa porque no me cerraba la maleta y el dinero se quedó igual, pero algún día le haré caso, de verdad, porque lleva toda la razón.

Tomad nota y haced, llegado el momento, vuestra lista también: llevo las pastillas que tomo a diario en cantidad suficiente, y las que pudieran hacer falta en caso de algún problema leve y conocido: gotas para sequedad de ojos, ibuprofeno para dolor moderado, antidiarreico, algún antibiótico por si acaso… Allí seguramente habrá, pero mientras me aclaro y no con el idioma y demás, mejor ir prevenidos.

No llevo joyas, casi ni bisutería, con el calor que hace todo suele molestar, los anillos incluso no me los voy a poder colocar porque los dedos estarán  dilatados.

Tampoco llevo trajes de pitiminí, no se suelen usar, prima la ropa cómoda e informal (bermudas, camisetas, pantalones anchitos que son más frescos….). Si surgiese algún evento importante, ya buscaría algo. Ni se me ocurre traer prendas sintéticas, sólo algodón o lino, aunque este último es más delicado y se arruga mucho, no sé si merece la pena.

Algún regalito para mi marido metí. ¡Quién me iba a mí a decir que iba a obsequiar comida alguna vez,  con la rabia que eso siempre me dio! Objeción hecha a las patitas de jamón, claro, que eso siempre te lo aceptan de buen grado, o de los socorridos bombones que te sacan de más de un apuro de última hora.

Pero es que, cuando estás fuera de casa, lo que más ilusión hace es una bolsa envasada al vacío con jamón o chorizo, o las dos cosas juntas, o queso, o salchichón, o aceite de oliva, o paté, o vino aunque sea de tetrabrik para cocinar… hasta un paquete de garbanzos se agradece. Y si cambiamos cada  “o” anterior por una “y”, mejor que mejor.

También hay algunos detalles para los conocidos indonesios. Ellos tienen mucha costumbre de regalar tanto a la persona que conocen como a la familia de ésta. La mayoría de las veces sin necesidad de motivo alguno. Nuestras hijas y yo hemos recibido ya alguna cosita a pesar de que aún no nos conocen. Así que hay que corresponder.

Siempre te hacen algún encargo. Y es que a veces, es complicado encontrar algunos artículos, sobre todo si  buscas un poco de calidad. Un ejemplo que parece tonto pero que echas de menos: una tapadera para dar la vuelta a las tortillas. Ya sé que se puede hacer con un plato, pero hay quien no se apaña. Allá no se venden tapaderas sueltas y las que vienen con los cacharros de cocina, tienen un filo vertical que te deshace todo.  Y a ver qué hay más importante en una mesa española que una tortilla como Dios manda, bien redondita.

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Una de esas reuniones en las que se hace imprescindible una tortilla como Dios manda.

Finalmente (aunque parezca otra tontería, tampoco lo es) llevo una bolsa ligera vacía para, en cuanto aterrice, guardar el abrigo y las botas y que no me incordien. Aunque casi casi la he tenido que utilizar en el último momento para poder meter todo lo que al final metía por el “por si acaso”.

Sí,  uf menos mal que llevo todo. ¡Ya puedo dormir tranquila!

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